sábado, 27 de junio de 2009

El otro viernes

De lunes a viernes trabajamos, conducimos, saludamos en el ascensor antes de mirar al techo, estudiamos, somos responsables, madrugamos, vamos a comprar el pan e intentamos dejar de fumar y adelgazar un poco. Somos parte de una sociedad amorfa y disciplinada que sostiene un país.

La noche del viernes es el túnel de escapatoria de ese pozo en el que tenemos una hipoteca y un trabajo. Intentamos divertirnos, ser nosotros mismos, desinhibirnos. Nos ponemos pantalones oscuros que no solemos vestir, zapatos caros, maquillaje, quedamos con gente a la que vemos una vez a la semana a horas a las que normalmente deberíamos estar durmiendo, vamos a sitios caros y nos gastamos en una noche lo que ganamos en dos días de trabajo, bebemos una cerveza mejicana, bebemos un cacique 500 con coca-cola, bebemos otra cerveza para que no nos importe que esas dos chicas rubias que están sentadas en el sofá verde se están riendo de como bailo, seguimos bailando, le damos una calada a un porro, otra cerveza, otra calada, nos convulsionamos como no lo hacemos en toda la semana con música que no solemos escuchar en casa y que nos deja sordos. Creamos un mundo casi opaco que no existe en el que podemos ser personas turbias. Así cualquiera puede tener la oportunidad de ser exactamente igual de libre que el resto, de que todos seamos exactamente lo mismo.

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