martes, 14 de julio de 2009

La deconstrucción de Bolonia

Hoy he tenido un examen sobre nuevas tendencias pedagógicas aplicadas a la clase de español para extranjeros.

En un principio vimos un marco teórico en el que dimos tres conceptos: el conductismo (Behaviorismo), el cognitivismo y el constructivismo. El primero se basaba en la idea de que el aprendizaje se consigue cuando el que aprende observa/escucha del que enseña y por imitación consigue nuevos datos. El cognitivismo y el constructivismo rechazan esa idea. En el proceso de aprendizaje el que aprende tiene que tener un papel primordial. La persona, de manera individual, procesa información y la compara con el conocimiento previo que tenía. De esta manera reestructura su información. Son procesos personales del “aprendiente”, un participio presente ya que realiza la acción de aprender de manera activa. Se ve la diferencia entre “estudiante” y “aprendiente” ¿no? Uno estudia. El otro aprende.


Así se han desarrollado diferentes métodos para enseñar mejor: el aprendiente autónomo, aprender enseñando, el enfoque por tareas, el enfoque por competencias, etcétera. Aunque tienen diferencias, todos esos enfoques se basan en la idea de que el aprendiente tiene que ser el centro del proceso mientras que el profesor debe pasar a un segundo plano (lo llaman de “acompañante”, “ayudante”, etcétera), de que las motivaciones, los objetivos, la motivación y los intereses del aprendiente tienen que ser tenidos en cuenta, de que el conocimientos nuevo tiene que estar unido al conocimiento previos...

Muchas de las teorías que estoy estudiando las veo aplicadas directamente aquí en Alemania, donde en la mayoría de las clases son los alumnos el centro del proceso. Se preparan exposiciones, ponencias cada semana y son los alumnos quienes explican a sus compañeros el tema mientras el profesor está ahí, para ayudar con la preparación, la bibliografía, el transcurso de la clase, las preguntas, etcétera. Además muchas de las clases (no todas, esta no por ejemplo :) ) no se terminan con un examen, sino con un trabajo y es el alumno el que elige el tema, según sus propios intereses, conocimientos previos, sus gustos, etcétera. Además, de esta manera aprenden a hacer trabajos científicos, artículos, etcétera. Es decir, algo que existe más allá de la universidad y de lo que podrían vivir.

Uno de los pros de hacer el Erasmus es que veo también que en España seguimos en la Edad Media de la educación. Y lo peor, cuando intentan cambiar la universidad y adoptar estos nuevos métodos de enseñanza son los alumnos los que dicen “¡NO! QUEREMOS SEGUIR EN LA EDAD MEDIA”. Seguir con nuestros apuntes, nuestras clases donde el profesor habla habla y habla y nosotros cogemos apuntes como escribanos y al final para todas las clases el omnisciente profesor prepara un examen para todos igual (como mucho dos modelos, pa que no copien) pasándonos por el forro de los cojones sus intereses y sus gustos, un examen en el que tienes que meterte los dedos en la garganta hasta poder vomitar sobre el papel todo el atracón informativo que te han cocinado durante todo el curso y que te has zampado sin masticar en los últimos días. Nos preparan para ser intelectuales bulímicos. Algo totalmente irreal por cierto ¿o es que conocemos a alguien que viva de responder a X preguntas, sin ningún otro material que un papel y un boli en una hora?

España la retrasada histórica, la paralítica evolutiva en comparación con Europa, ese continente que tiene que tirar de nuestra silla de ruedas. Y es algo pandémico. El problema no son los clásicos reaccionarios: la derecha y la iglesia. Los estudiantes con su grito “NO A BOLONIA” lo han dejado claro: la sociedad española, todos, nos negamos a avanzar.

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