miércoles, 11 de julio de 2012

2011-2012: del 15M a la Marcha Negra

El año pasado escribí que el 15M era el hecho político español más importante desde el Renacimiento. Y ¿sabéis qué? Me equivocaba. Durante los meses de mayo y junio del 2011 vivimos un sentimiento de revolución. #SpanishRevolution se llamó en sus inicios. Cabalgábamos una revolución y hasta la exportábamos: a Francia, a EEUU, a Alemania... España había encendido la chispa de la revolución mundial.

Poco queda de ese sentimiento revolucionario. El 15M no consiguió sus objetivos políticos. ¿No ha servido de nada? Desde luego que sí: ha permitido poner en contacto a miles de personas comprometidas, creativas y activas. Desde entonces se han creado nuevas asociaciones de vecinos, asociaciones culturales, proyectos editoriales, grupos de consumo, bancos de tiempo o mercadillos de trueque. La expansión de empresas con mínimos éticos como Triodos o Ecosecha es en parte debido a esta nueva realidad.

Pero no salimos a las calles para eso. Lo hicimos para reclamar más democracia, independencia de los poderes políticos, justicia independiente y despolitizada, que la crisis la pague el sector financiero y no la mayoría de las personas. Y de eso no hemos conseguido absolutamente nada. La situación ha empeorado notablemente: Bankia, constitución, amnistía, Camps, nueva ley electoral, IVA... En 2011 los votantes del PSOE desconfiaban del partido y los votantes del PP soñaban con Rajoy en la Moncloa; en 2012, los socialistas siguen igual y los votantes del PP se han quedado con cara de gilipollas.

El 15M cometió errores. Pero también tuvo muchas virtudes. Podría haber sido una verdadera revolución si los políticos hubiesen tenido oídos o un sentimiento nacional más allá de aplaudir con las aletas cuando gana la Roja. Somos un país demasiado embrutecido como para que un movimiento urbanita, integrador, pacífico, en parte digital y poético como el 15M cambiase la política. A Pascual Duarte el 15M se la suda. Así que la protesta se tiene que buscar otras maneras.

Ayer fue la Marcha Negra y podía haber dicho aquello de "el mundo ha cambiado, lo siento en el agua, lo huelo en el aire". "Viva la lucha de la clase obrera", puños alzados, muchas más banderas republicanas, sindicatos... Hasta había gente con los huevos el valor de llevar banderas del PSOE. Los comentarios y twitts que coquetean y sueñan con guillotinas y voladuras se van multiplicando. La manera con la que los mineros consiguen enfrentarse a la policía se percibe como algo envidiable y necesario. Incluso el cambio entre las marchas coloridas (verde: educación; agua: CYII; blanco: educación) a la marcha negra refuerza el ambiente de mayor tensión.

Me equivoqué: el 15M no fue tan importante, tan histórico. En lo que sí sigo creyendo es que lo mejor que podría haber ocurrido era que ocurriese una "refundación política y estatal, incluida nueva constitución. Desde 0, de abajo a arriba". Porque (y ojalá me vuelva a equivocar) yo ya no creo que haya una solución constructiva e integradora; vislumbro que la situación tiene dos maneras de desarrollarse. La primera: que España se hunda en una depresión no ya económica sino espiritual que anule la protesta. La segunda: que los movimientos de protesta adquieren un carácter mucho más duro y violento ante la desesperación. Elijan su opción.

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