sábado, 10 de abril de 2010

Mapa de Europa hecho de cosas

Hace un más de un año pensé que todos coincidimos en que Italia tiene forma de bota. Gómez de la Serna decía que "esperar de la idea de un cuento o un tema original de artículo" duraba un año; "atrapación de la idea" un mes; "representar el asunto, dejarlo en la solana, salir a verlo de vez en cuando" dos meses; y que la "puesta en limpio de la idea, después de un prólogo de oraciones y trabajando a través de una buena noche" sólo duraba cinco (Automoribundía, Ed. Guardarrama, 1974: 733). Eso mismo he tardado yo, desde lo de Italia-bota, en hacer este mapa de Europa hecho de cosas, pinchad para verlo en grande:

Desde pequeño he visto que la Península Ibérica es una cara, pero también que España es una camiseta. Pero nadie la veía. Lo mismo me pasaba con Alemania y con Noruega. De lo fálico de Suecia y Finlandia nos dimos cuenta todos desde que en los euros aparecieron unidos sin Noruega (esta imagen lo muestra genial) y todos supimos que si Florida es el pito de América, Europa también tiene genitales externos (y mayores). Lo del Reino Unido como conejo me lo dijo mi hermana Rut, que allá ella vive. Lo de Austria como muslito está bastante aceptado en territorio germanófono. El resto se me han ido ocurriendo estas semanas. Aunque ahora me doy cuenta que la mente ha hecho ciertas conexiones curiosas. En Entropa ya pusieron a Grecia ardiendo, aunque sinceramente, creo que mi versión es más creativa (y con el aliciente de que Turquía y Chipre también pueden arder). Luxemburgo también podría ser parecido a la pepita de oro que usó David Cerný en su cara obra barata. En strange maps también hablaron de una vez de Suíza como un a especide de gofre suizo. Pero creo que los churretes de chocolate son la mejor delimitación de sus extrañas fronteras con Italia. Intenté poner una oreja de vaca en Rumanía, justo lo contrario de lo que hice en el mapa de Europa como toro, pero en esta ocasión no funcionaba, sin el resto de la cabeza no se podía reconocer. Especialmente orgulloso estoy del puño bielorruso y de la bañera húngara (¡sus fronteras son una perfecta bañera!).

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